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Educar jugando: fortalecer lazos con juegos y risas

Lazos en la infancia

Cuando me quedé embarazada, uno de mis mayores temores residía en la duda de si sería capaz de conectar con mi hijo. Hay veces que crear lazos en la infancia no es fácil.

Como terapeuta, ayudo a familias con hijos de distintas edades, incluso a padres e hijos adultos que no saben cómo comunicarse. Experimentar esas situaciones me ha había llevado a dudar de mí misma como madre, a preguntarme si realmente sería capaz de escuchar y hablar con Max, o si acabaríamos en terapia para intentar comprender las palabras y gestos del otro.

El mayor regalo que unos padres pueden hacerle a sus hijos, son unas bases fuertes que devengan en una autoestima y capacidad crítica saludable.

La autoestima es la percepción emocional que tenemos de nosotros mismos, y este amor o visión viene determinada, de forma más directa en la infancia y juventud, por la relación con aquellos que nos rodean, por cómo se sienten los demás respecto a nosotros y cómo se comportan, si nos rechazan o si aceptan y valoran.

Autoestima y lazos en la infancia

Cuando hablamos de lazos en la infancia, de la importancia que tienen estos vínculos para que en el futuro se conviertan en individuos sanos, independientes y felices, precisamente nos referimos a la creación de su autoestima, de su visión del mundo y de ellos mismos con respecto a los demás, a cómo se relacionarán, cómo afrontarán las vicisitudes de la vida, etc.

Durante los primeros años de vida se entablan las primeras relaciones, normalmente con la familia más cercana, convirtiéndose éstos en los vínculos emocionales y físicos más intensos —siendo la relación con los padres, especialmente con la madre, la más fuerte de todas ellas. Estas son las personas a las que un niño acudirá cuando tenga problemas o dudas, a las mismas que acudirán siendo adolescente cuando algo le preocupe o moleste.

Pero el vínculo no puede ser unidireccional. Es decir, los vínculos son de doble sentido, esa confianza, respeto y sentimientos deben percibirlos tanto el niño como el adulto. Pero, ¿cómo crear lazos a este nivel? ¿Cómo demostrar que estamos ahí y, al mismo tiempo, darnos pie a nosotros mismos para agacharnos y ponernos a su altura?

Los niños no sólo precisan sentirse protegidos, sino también escuchados; han de ver que se les tiene en cuenta y que confiamos en ellos. Esto es lo que, a la larga, hará que se sientan seguros con ellos mismos. Han de comprender que les queremos por ser quiénes son, por existir, no por lo que hacen y cómo lo hacen. Esta clase de vínculos hacen que el niño se sienta querido y por ello su autoestima se solidifica con buenos fundamentos.

Todos nos equivocamos y la liamos en algún momento, pero es importante que, más allá de las meteduras de pata, que no es más que una parte del aprendizaje, tengamos quién nos ayude a levantarnos, a recomponer el jarrón roto, a comprender que hay cosas que no se nos dan bien, pero también hay un montón que hacemos genial.

No se trata de crear en el niño un espejismo de perfección, de que piense que es el mejor en todo, reforzando sólo sus conductas positivas, sino de mostrarle que no está mal perder, que no es necesario ser siempre el primero, que lo realmente importante es enfrentar las situaciones y buscar la solución a los problemas y, si necesitamos ayuda, pedirla.

Según varias encuestas a adultos de más de veinticinco años, el 40% de la población no tuvo un buen vínculo familiar en la infancia, es decir, que el 40% de individuos crecieron pensando que nadie les iba ayudar si precisaban una mano extra porque no la merecen o no son importantes.

Todavía hoy existe quien dice a los padres no han de coger en brazos al recién nacido porque lo van a malcriar, sin comprender el vínculo que se crea en los primeros meses, ‹‹siguen sin darle importancia al contacto con su bebé, o piensan que se va a acostumbrar a estar en brazos, ¡y que eso es malo!›, dice una enfermera de la sala de prematuros del Hospital Clínic de Barcelona.

Estrechar lazos significa:

  • Entregar amor incondicional.
  • Desarrollar conexiones empáticas.
  • Crear un sentimiento de pertenencia.
  • Fundar apegos emocionales mutuos.
  • Formar un sentimiento de seguridad.
  • Desarrollar la autoestima.
  • Establecer intimidad y cercanía.
  • Transmitir valores.
  • Fomentar un sentimiento de autenticidad y espíritu crítico.

Por todo esto y mucho más es importante que el contacto con los recién nacidos sea continuo, y que los juegos como los que exponemos a lo largo de los artículos anteriores sean parte de la experiencia diaria con nuestros hijos.

Ahora algunos me diréis que ya es tarde, que vuestro hijo prefiere jugar con sus compañeros de clase —o la pantalla de turno— que pasar un rato con vosotros. Pues para eso estamos escribiendo este artículo, para crear un momento y espacio en familia en el que reforzar esos lazos que ya se iniciaron con su nacimiento, para darles la voz y la confianza que necesitan para crecer sanos y felices.

Lazos en la infancia

Comunicación en familia

Si le damos importancia a cómo nos comunicamos y relacionamos con los demás, ¿por qué desatendemos tan a menudo ese mismo trato en el hogar? La comunicación no sólo es la información que transmitimos a través del diálogo y el lenguaje no verbal, sino también las emociones, el tiempo que invertimos en los demás, la comprensión de lo que el otro trata de transmitir, a veces en silencio.

Es prioritario crear un sentimiento de compañerismo con nuestros hijos, una complicidad y un ambiente de unión que les haga formar parte del todo, con un respeto mutuo y unos valores compartidos como base, algo que dará lugar a las buenas relaciones.

Crear un clima idóneo en la familia no es tarea sencilla, especialmente porque no podemos ir de colegas con nuestros hijos y dejar nuestro rol de padres aparcado. Somos nosotros quienes debemos marcar los límites, pues es parte de nuestra responsabilidad mantenerlos a salvo y mostrarles cómo establecer la comunicación con su entorno. Y para ello tenemos algunos consejos, en los que coinciden psicólogos y pedagogos, que nos pueden ser de utilidad.

Claves para una buena comunicación familiar:

  • Escuchar con atención e interés.
  • Crear un clima que facilite la comunicación.
  • Pedir y valorar la opinión de los demás.
  • Transmitir la información de forma positiva.
  • Obedecer la máxima: ‹‹Todo lo que se dice, se cumple››.
  • Dar mensajes consistentes  y claros, no contradictorios.
  • Empatizar con los demás.
  • Expresar y compartir nuestras emociones.

Para hablar con nuestros hijos recordaremos que hemos de ponernos a su altura para contactar visualmente con ellos, pero, cuando digo “ponernos a su altura” lo digo con toda la intención, pues debemos comprender que hay cosas que no entenderán a menos que se las expliquemos según las normas de su propio mundo.

Nuestro lenguaje ha de ser positivo y amoroso, incluso cuando estemos diciéndoles que han hecho algo incorrecto. Recordemos que son niños y no podemos esperar que actúen como un adulto, debemos respetar su realidad.

Y, sobre todo, escuchemos detenidamente qué nos quieren decir, pues si respetamos su opinión y aceptamos su punto de vista, como aceptamos el de otro adulto, el niño sentirá que puede expresarse con libertad y que, si tiene un problema, nosotros estaremos ahí para ayudarlo.

Un tiempo para…

Lazos en la infancia

Como decíamos, durante los primeros años nuestros hijos sienten un gran apego por nosotros, pues nos necesitan prácticamente para todo, pero a medida que crecen parece que dejen de necesitarnos y esa conexión se debilita. Pero no nos engañemos, ese vínculo es de por vida.

Para que esta conexión no sólo continúe, sino que se fortalezca, buscaremos una comunicación clara, sincera y bidireccional, además de reservar momentos sólo para ellos.

Hay gran variedad de actividades familiares que podemos realizar: visitas a parques y museos; lectura de cuentos y compartir opiniones sobre libros, pelis y series; podemos organizar fiestas temáticas donde cantar y bailar; preparar platos juntos que después comeremos en familia o con amigos… Y, por supuesto, reservar un momento o un día a la semana para jugar a juegos de mesa.

Entre las herramientas a nuestro alcance, el juego es fundamental para crear y fortalecer vínculos familiares, pues favorece la comunicación y es la forma que tienen los niños de dialogar, entender y aprehender el mundo que les rodea.

A veces puede darnos la sensación de que todos los miembros de una familia van en direcciones distintas a lo largo del día, y es por eso que es tan importante reservar algo de tiempo diario —o a la semana— para tener un momento de diversión familiar.

Si durante la semana no puedes tomarte ni un respiro, deja libre una noche y establece una tradición. Pueden ser viernes de pizza y juego, o domingos de partida. Recuerda que toda experiencia puede dar pie al diálogo, momentos de risas en el que compartir opiniones, expresar gustos y enriquecer la experiencia de forma compartida.

Porque no es tan importante cuánto tiempo le dediquemos como la calidad del mismo, pues el juego es algo natural para los niños, y para nosotros es la excusa perfecta para quitarnos el disfraz de adultos serios y abrirnos a nuestros hijos tal y como somos, sin barreras y con total disponibilidad, tanto física como emocional

No olvidemos que, como explicamos en artículos anteriores —consultar los tres primeros artículos de la serie—, el juego deberá adaptarse a la evolución de los pequeños, y no serán los mismos para un bebé de 2 años, que para un crío de más de 3 o un niño de 7 años.

Es importante que, según vayan creciendo, estemos atentos para conocer sus gustos y capacidades, y así ofrecer juegos que se adapten a ellos y les permitan desarrollar sus potencialidades.

Beneficios del juego en familia:

  • Promueve la comunicación.
  • Establece patrones de conducta básicos.
  • Favorece el encuentro, la confianza y la unión.
  • Desarrolla habilidades sociales.
  • Crea y fortalece valores.
  • Nos relaja y permite la espontaneidad y autenticidad.
  • Libera el estrés y armoniza las relaciones.
  • Desarrolla la confianza y la autoestima.
  • Construye y profundiza lazos afectivos sólidos y duraderos.

Un juego para cada ocasión

Según van creciendo y descubriendo sus propias capacidades, hemos de animar a los más pequeños a hacer aquellas cosas para las que ya están listos. Aquí es interesante que releamos los artículos 2, 3 y 7 en los que hablamos de la estimulación temprana, la psicomotricidad y las primeras normas de juego.

Entre algunos ejemplos de primeros juegos tenemos:

  • Pescar Peces, un juego de la casa Haba que combina piezas grandes de madera con formas y colores llamativos, y piezas de cartón para seguir direcciones sencillas.
  • Cuando sea mayor…, otro juego de la casa Haba que permite a los más peques soñar qué serán de mayores, con puzles sencillos que después tendrán que relacionar con sus herramientas —piezas de madera escondidas en una bolsita de tela.
  • Puzle dúo, de la casa Djeco, un puzle, valga la redundancia, en que los más pequeños de la casa aprenderán los contrarios a través de simpáticos perritos, gatitos y conejitos.

Más adelante, cuando los niños empiezan a buscar compañeros de juego, será interesante crear momentos para que nuestros hijos puedan compartir su espacio con otros, sintiendo su pertenencia e importancia en el hogar, así como reforzando su autonomía. Para ello podemos hacer fiestas como las explicadas en el artículo 4 y reuniones con amigos de la guardería o del cole.

arrera de tortugas, lazos en la infancia

  • Monza, un juego de carreras en que los niños irán a toda velocidad como en un verdadero rally.
  • La noche de los magos, un juego para niños más mayores donde encarnarán a unos divertidos magos.
  • Carrera de tortugas, juego que hemos reseñado y comentado hasta la saciedad por su versatilidad; diversión asegurada.

El sentido de la individualidad y la autenticidad se estimulan a través de la independencia y la autonomía que, a su vez, alientan el pensamiento crítico. En el artículo 8  hablamos precisamente de juegos y actividades para fomentar la creatividad y el pensamiento lateral para la resolución de problemas.

  • Dixit, este juego con un montón de expansiones chulísimas nos da pie a jugarlo tal y como aparece en las instrucciones, o seguir alguno de los ejercicios creativos que expongo en el artículo antes mencionado.
  • Sí, señor oscuro, para partidas donde nos desternillaremos y seguro que más de uno se llevará alguna mirada asesina.
  • Érase una vez, un juego que nos sirve también para contar cuentos y desarrollar historias.

Dixit, lazos en la infanicia

No podemos controlar con qué se encontrarán en la vida, ni podemos protegerlos siempre, pero si estrechamos lazos con nuestros hijos y creamos vínculos sanos y fuertes, esos niños se convertirán en adultos seguros y amorosos, individuos autónomos e independientes que sabrán enfrentar cualquier situación, ya sea positiva o negativa, y que acudirán a nosotros en busca de apoyo y consejo.

Nos interesa tu opinión

La serie de artículos ‘Educar Jugando’ está destinada a resolver vuestras dudas como padres y madres, familia de niños y jóvenes, como educadores y terapeutas, en todo lo que nos sea posible. Por ello, los tres primeros artículos son una suerte de introducción a los temas y conceptos básicos para comprender después aspectos como la plasticidad cerebral, la estimulación temprana o la psicomotricidad.

A partir del cuarto artículo de la serie, queremos ofreceros una visión práctica a vuestras consultas: trucos para montar cumpleaños y fiestas temáticas; números y matemáticas; juegos para promover la colaboración; cómo introducir turnos y normas; fomentar la creatividad; fortalecer lazos y risas; y letras, palabras e idiomas.

Insistimos una vez más en que, si tenéis alguna pregunta, nos la enviéis a nuestro mail o respondiendo a los artículos en la web.

    Agradeceremos vuestros comentarios para mejorar e incluir aquellos puntos de vista y temáticas que se nos hayan podido pasar por alto.

Sobre los Autores

Isabel del Río (Barcelona, 1983), terapeuta y escritora, licenciada en filosofía por la UAB, Maestra Reiki Federada y Fitoterapeuta Titulada. Trabaja en el mundo editorial, literario y cultural. Colabora con la revista Integral. Atiende una pequeña consulta de terapia holística e integral en Barcelona. Y realiza talleres de escritura y crecimiento personal por toda España —especializada en trastornos afectivos y emocionales, así como en educación infantil-juvenil.

Junto a su pareja, Ivan López (Barcelona, 1984) —artista marcial y especialista en juegos de mesa—, cría, educa y mima a su hijo Max, de 3 años.

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